¿Qué es un Salmista? (Cuarta Parte)
Las Composiciones del Salmista
Según el Salmo que hemos venido estudiando, nuestra vida es como un árbol. Uno plantado “junto a las corrientes de aguas y que da fruto en su tiempo”. Y como hemos visto quien se arraigue al suelo de la Palabra verá el fruto del Espíritu brotando de forma natural en su carácter conforme lo enseña el Salmo 1 y Gálatas 5. Ahora, después de haber publicado tres artículos relacionados al tema de los salmistas alguien podría estarse preguntando: “¿Y qué tiene todo esto que ver con la composición?” Bueno, en esta entrada contesto la pregunta.
Las canciones de un salmista, llámese: cantante, músico o compositor, emanan de su carácter. De ese carácter que ha sido moldeado o no por la Palabra. Las canciones no son algo distinto al compositor. Son el compositor mismo reflejado melódicamente, una extensión suya y la manifestación musical de su ser. Es por eso que es importante que el compositor viva arraigado a la Palabra, porque al tener un carácter como el descrito en Gálatas (con fruto: amor, gozo, paz, paciencia, etc.) sus canciones serán reflejo de ello y eso le permitirá tener la oportunidad de reproducir en otros lo que él como persona ya es. Sí, sus canciones tienen el potencial de impregnar en otros sus pensamientos y sentimientos, y el poder de moldear progresivamente la mente y la conducta de las personas. Recuérdelo: sus canciones pueden contribuir a la formación del carácter de otros. Sea para bien o para mal, sus canciones tienen ese potencial.
Es por eso que la composición de canciones conlleva una gran responsabilidad debido a que el trabajo creativo del escritor emana de su vida misma. De su vida en el Espíritu o de su vida en la carne. Esto no es cuestión de hacer canciones por el simple hecho de hacerlas. No, las canciones tienen la capacidad de moldear la mente y la conducta de las personas. Claro, no de una vez, sino paulatinamente. Es un proceso que se da mediante el impacto y la repetición. “¿El impacto y la repetición?” Sí, cuando una canción toca el corazón de alguien, esta persona ansiará volverla a oír. ¿No es cierto? Entonces, cuando ese hecho se repita una y otra vez (al oír y oír una canción) esa persona irá abrazando para sí los pensamientos que escucha hasta adoptarlos como convicciones personales. Si eso sucede, es cuestión de tiempo que dichas convicciones se manifiesten en su conducta diaria. ¿Comprende?
Toda idea sazonada con una melodía tiene más posibilidades de ser adoptada por quienes las oyen que si sólo se dijeran así no más. Es decir, si lo que una persona le dice a otra va acompañado de una melodía hay más probabilidades de que quien escuche abrace esas ideas como convicciones propias que si simplemente se las dijeran a secas. ¿Por qué? Porque el ser humano adopta las maneras de pensar de aquello que repetidamente escucha y siente. ¡Principalmente si es a través de una canción que lo emociona! Esto es como un arma de doble filo y es por eso que debemos de tener cuidado con la música que escuchamos… ¡y qué componemos! Harold Caballeros, fundador de Iglesia Shaddai en Guatemala, dijo una vez: “Las ideas tienen consecuencias”. Y como usted sabe: las canciones son excelentes transmisoras de ideas. Así que más vale que sea cuidadoso con la música que escucha y que compone porque sus canciones (sus ideas, que es lo mismo) desencadenarán consecuencias positivas o negativas en la vida de aquellos que decidan incluirlas dentro de sus favoritas.
Permítame mencionar algunos ejemplos: Hay personas que tienen como su única y exclusiva música predilecta las baladas o canciones románticas. Por lo general quienes sienten una profunda inclinación por este género tienden a ser personas muy melancólicas. ¿Lo sabía? No es que escuchar canciones así o ser melancólico sea malo. No, pero si escuchar música suave sumerge a alguien en períodos de tristeza y depresión entonces hay algo que no está bien. En muchos casos el carácter de este tipo de personas es moldeado por el tipo de música que gobierna sus sentidos. Y si no, por lo menos lo incentiva. Lo mismo podemos decir de aquellos que tienen como su única y exclusiva música favorita el rock pesado. Mejor conocido como: “heavy metal”. ¿Ha notado que quienes escuchan excesivamente música así (de mensajes nocivos, por supuesto) tienden a ser personas rebeldes e insolentes? Claro, no todos, pero sí muchos. Esto nos habla de que el carácter y la conducta de alguien pueden ser influenciados por la música que escucha.
Lo mismo sucede con la música cristiana. Quienes escuchan este tipo de música de forma habitual experimentan una vida más orientada hacia el amor, la fe y la esperanza. ¿Lo ha notado? Claro, hay excepciones. Pero lo importante aquí es ver que las canciones cristianas también tienen ese poder de influir en la mente y la conducta de la gente. Con esto no quiero decir que la música cristiana es la panacea a los problemas del mundo. No, pero que puede beneficiar el carácter, lo puede beneficiar. Eso es innegable. En este sentido, si usted como compositor vive una vida en la Palabra y le permite al Espíritu hacer brotar su fruto en usted, entonces sus canciones, que emanan de su carácter, tendrán más posibilidades de contribuir a la vida y a la transformación del carácter de otros.
El mismo Salmo 1 nos confirma esto en su metáfora del árbol. Como usted sabe, cuando un árbol crece da frutos. Y cada fruto contiene semillas. Cuando el fruto de un árbol cae al piso las semillas se dispersan y germinan en tierra. Con el tiempo dichas semillas brotarán y se convertirán en árboles. Árboles que también darán más frutos y por ende, más semillas. Fíjese: el Salmo 1 dice que el salmista es un árbol, “plantado junto a las corrientes de agua y que da fruto en su tiempo”. Lógicamente ese fruto en un momento dado también caerá a tierra y esparcirá sus semillas. Semillas que germinarán y que también se convertirán en árboles. En este sentido, déjeme decirle que las canciones que usted escribe son semillas. Semillas que emanan de su carácter (su fruto, que es igual). Por eso, si sus canciones brotan de su vida en la Palabra, éstas serán sembradas en los corazones de quienes las escuchen, germinarán y crecerán dentro de ellos hasta convertirlos en árboles iguales de saludables que usted. Sí, sus canciones pueden ser instrumentos en las manos de Dios para reproducir el carácter del Espíritu en la vida de otros. ¡Qué gran privilegio! ¿No le parece?
Le invito que tome decisiones hoy mismo. Decida convertirse en un ‘Hijo de la Palabra’. No permita que pase un día sin haber tenido comunión con la Escritura. Arráiguese a ella, léala, estúdiela, medítela, memorícela… ¡Vívala! Que “la ley del Señor sea su delicia, y en ella medite de día y de noche”. Es entonces, cuando haya hecho eso que usted “será como un árbol plantado junto a las corrientes y que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae y todo lo que haga… ¡Prosperará!”.
Antes de terminar, por favor ore conmigo:
“Señor, te doy gracias por el llamado que me has hecho a convertirme en un verdadero salmista de tu Palabra. ¡Qué honor y qué desafío! Te ruego que me ayudes a arraigarme al suelo de la Escritura y que de este modo el fruto de tu Espíritu brote en mi carácter de forma natural, para que otros, ¡y principalmente tú!, puedan alimentarse a la sombra de mis ramas. Amén”.
PREGUNTAS PARA LOS LECTORES: ¿Alguna vez había visto el ministerio de la composición como uno capaz de transformar el carácter de las personas? ¿Qué opina de la metáfora de su vida como un árbol, su carácter como fruto y de las semillas como esas canciones que usted puede sembrar en la vida de otros?
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